CONCURSO DE AEICE. “CAMBIO DE DOMICILIO, NO INGRESO”

TCU Arquitectos hemos participado recientemente, junto con Henar Belmonte, en el Concurso de ideas “Hábitat Centrado en las Personas”, promovido por la Junta de Castilla y León y los Servicios Sociales de la comunidad, apoyados por el clúster de hábitat eficiente AEICE. El objetivo de la convocatoria era claro: avanzar en un nuevo modelo de atención residencial para personas mayores y dependientes, partiendo de los preceptos de Atención Centrada en la Persona (ACP).

Para nosotros, el quid de la cuestión radica en que vivir en una residencia sea (y se perciba) como un “cambio de domicilio y no un ingreso”, tal y como explicaba nuestro compañero Daniel González Tello en el programa de radio Hoy por Hoy León el pasado 27 de mayo.

 

La propuesta se apoya en la Residencia para Mayores de Sariegos (León), un complejo socioasistencial formado por tres Unidades de Convivencia organizadas en torno a patios centrales, logrando una serie de ventajas y mejoras en la vida de los residentes. A partir de aquí, hemos querido potenciar los aspectos más significativos de este proyecto inicial, aportando soluciones cualitativamente diferentes a nivel individual, pero que no modifican la estructura y funcionamiento del Centro en su conjunto.

Nos encontramos con un conjunto de tres Unidades de Convivencia entre las que se reparten equitativamente 48 habitaciones con capacidad para 70 plazas. La idea fundamental de esta tipología es la de crear una pequeña comunidad de vecinos que goce de la misma privacidad, socialización y autonomía que podrían disfrutar en cualquier otro vecindario. Una de las decisiones de proyecto cruciales para conseguir esto es la creación de una sala de convivencia o salón-comedor con office, que puede ser utilizado para cualquier otra actividad que demanden los residentes.

La estructura y funcionamiento son homólogos en las tres Unidades: tres cuadrados de dimensiones similares, e igual zonificación y comunicación. Dos de sus lados están siempre ocupados por habitaciones, individuales y dobles; un tercero alberga servicios comunes; el centro acoge un patio abierto y el susodicho espacio de convivencia, corazón de la Unidad; por último, el cuarto brazo, adosado a este ámbito de relación social, constituye la conexión con los ejes principales de circulación.

 

El buen diseño de los flujos es fundamental en cualquier centro destinado a personas mayores. En este proyecto, dicho [Capte la atención de los lectores mediante una cita importante extraída del documento o utilice este espacio para resaltar un punto clave. Para colocar el cuadro de texto en cualquier lugar de la página, solo tiene que arrastrarlo.]

aspecto se convierte en el protagonista, gracias al elemento que los genera y organiza: los patios centrales de cada Unidad de Convivencia. Esta es una de las mayores bondades que presenta y que hemos mantenido -y aun aumentado- en la propuesta.

Los conjuntos de patio + claustro se desarrollan, en uno de sus costados, a lo largo de las vías públicas del complejo: dos ejes perpendiculares de acceso general para residentes internos, visitantes externos y trabajadores. Estos ejes cosen las tres Unidades entre sí y a los espacios comunes, tales como Sala de Actividades Ocupacionales, Rehabilitación, Zona Administrativa y Técnica etc.

El paralelismo con una estructura urbana -plaza, vía pública y privada- es otro de los rasgos que mantendremos, pues la caracterización de los espacios permite la existencia de una progresión en la privacidad de los espacios, un aspecto muy relevante en las residencias.

Los puntos fuertes de este proyecto residen en la acertada decisión de organizar en torno a patios, el carácter de estos que, junto a Sala de Convivencia, crean “plazas de vecindario”, la segregación de recorridos y el buen diseño de las habitaciones a efectos de acceso, ventilación y vistas. Por otra parte, ¿cuál es el factor que más penaliza la vida en una residencia? La homogeneización de las soluciones que se impone al definir un modelo de gestión, al que obedece la infraestructura, obliga a homogeneizar también la forma de vivir en ella. Este es, sin duda, el mayor inconveniente que presentan los Hogares para Mayores actualmente.

Los motivos por los que las personas se muestran más reacias a dejar sus hogares por una residencia son la falta de privacidad, autonomía, libertad en las costumbres y en las visitas, por la sensación de control impuesto, consecuencia todo ello de imponer un modelo de vida aséptico y funcional. Una residencia no debiera ser un castigo, sino una opción.

 

La propuesta recoge esta necesidad creando accesos directos e independientes a cada una de las Unidades de Convivencia, sin tener que pasar por el acceso general del Centro. Se replica el modelo habitual de portal a pie de calle. Además de estos portales, siguen existiendo un acceso general, con función institucional y para público general, y otro para personal técnico.

Otra de las grandes carencias que se viven con frecuencia en las residencias, es la falta de una socialización de calidad. Las relaciones entre residentes no son voluntarias y naturales, sino forzadas. Situaciones como una hora determinada e inamovible de comida, ocio o actividades, obligan a que la socialización ocurra en un momento, en un lugar y con gente no elegidos por cada cual. Esta experiencia es aún más extrema cuando los residentes comparten habitación. La sensación de control externo y falta de espontaneidad en la vida cotidiana diezma las capacidades de relación y cognitivas de las personas mayores, y con ello, su sensación de bienestar y salud autopercibida.

Por eso nos parece necesario potenciar la emulación de una estructura urbana, poniendo especial foco en el papel del patio como Plaza Mayor. Es importante también que se mantenga su morfología, pues la asociación de la forma del espacio con otra conocida -la plaza del pueblo, del vecindario…- facilita que se repitan las mismas conductas, es decir, las de socialización natural.

Gozar de la vida propia en un espacio propio es algo indiscutiblemente importante para todos. Por eso, este es el punto crucial de la propuesta y la mayor diferenciación frente a la referencia de la que partimos. El momento en el que alguien cambia su domicilio por una residencia, en la mayoría de los casos, sabe que ha renunciado a tener su hogar, y con él, a una parte de su vida y de él mismo. Nada que represente semejante pérdida puede ser aceptado y vivido con alegría, por lo que la estancia en un hogar institucional comienza arrastrando connotaciones negativas. A pesar de que la tendencia actual en hogares geriátricos es aumentar la proporción de habitaciones individuales y sus dimensiones, nunca podrá equipararse a un hogar, su hogar. Si necesitamos viviendas, tendremos que hacer viviendas, no habitaciones a las que llamemos viviendas.

Además de los efectos personales y mobiliario que caracterizan una casa, es el hecho de tener varias estancias, diferenciando ambientes y funciones lo que conforma la vida hogareña. Es la posibilidad de cambiar de escenario, de elegir el lugar donde estar, la luz que entra, de poder recibir visitas etc. donde se pone de manifiesto la potestad de llevar una vida propia. El mero hecho de realizar cada comida del día en un ambiente concreto y distinto, por pequeño que sea, con unos utensilios y “rituales” determinados, ayuda a estructurar y organizar el paso del día, del tiempo en general. Sabemos que la orientación y las costumbres suponen grandes herramientas para el bienestar de las personas mayores, y que su pérdida puede conllevar graves consecuencias de salud. Por todo esto, proponemos Unidades de Convivencia compuestas por verdaderas viviendas.

 

A través de esta propuesta queremos dar solución al problema de la autonomía, de la socialización y de la vida propia – espacio propio. Los principios que estructuran el proyecto son los siguientes:

  • Posibilidad de replicación de la solución en distintos emplazamientos: en planta baja, colonizando; sobre cubierta; apilando las Unidades de Convivencia.
  • Aplicación de estructura urbana para organizar las circulaciones y emplazamiento de los servicios. Cada Unidad de Convivencia es un vecindario, unidos entre sí por vías públicas. Apoyando esto disponemos accesos diferenciados privados a cada Unidad, diferenciación de pasillos por usuario y dimensión, a modo de calles de distribución y acceso, y existencia de plazas públicas.
  • Preeminencia del foro Plaza Mayor compuesto por patios abiertos y Salas de Convivencia como centro de socialización real y espontáneo.
  • Huir de modelos de estancia únicos y prefijados. Para ello, el complejo se concibe como una urbanización con servicios lista para albergar a los inquilinos. Todo el equipamiento, servicios y dotaciones son pura herramienta al servicio del uso que les quiera dar el residente.
  • Posibilidad de distintas estadías. Pueden ser permanentes o temporales, para cubrir un mayor espectro de necesidades y situaciones. Así mismo, los servicios de alojamiento (comidas y ayuda doméstica) son opcionales y elegidos por el residente.
  • Creación de viviendas, no habitaciones. Todas con acceso privado, totalmente accesible, ventilación, luz natural, y espacio para mobiliario y equipamiento personal.
  • Diversidad de viviendas: apartamento completo, con dos habitaciones, dos baños, cocina y salón comedor; suit, con dos habitaciones y dos baños.
  • Posibilidad de alojarse con un familiar, visita o cuidador, durante el tiempo que se desee. A ese efecto, todas las viviendas cuentan con un dormitorio y baño independientes del principal, también accesibles.
  • Absorción de cambios. Las variaciones súbitas de la situación vital en edades avanzadas son muy comunes, y que estas sean lo menos gravosas posibles, ayuda enormemente a la recuperación o estabilización de la persona. Por eso, las viviendas son capaces de absorber diferentes situaciones gracias a la existencia de camas con cabecero medicalizado integrado con toma de gases, y habitación independiente. Con esto se consigue que un alto porcentaje de las situaciones en las que el individuo necesita ser hospitalizado, transcurran en su propio domicilio. Además, esta medida supone un gran alivio para las Unidades de Hospitalización.
  • Acercamiento de los servicios más comunes a los domicilios. Dentro del Centro, vinculados a las vías públicas, se ubican los servicios más frecuentados por personas mayores, y cuya proximidad y accesibilidad mejoran la experiencia de autonomía del residente. Se cuenta con consultas permanente de Medicina General, Enfermería, Psiquiatría y Psicología, Sala de Curas y Yesos, y Extracciones; consultas rotativas de Oftalmología, Otorrinolaringología, Traumatología, Cardiología, Medicina Interna, Neurología; sala de rehabilitación, gimnasio con cabinas, sala de yoga, peluquería y consultorio veterinario.

 

A este programa llegan usuarios con distintas necesidades y anhelos. Hemos ejemplificado las situaciones que se pueden dar a través de la vida de tres personas concretas: Conchi, Asun y Víctor y Aquilino. El mapa de sus necesidades es una trasposición del programa del Centro, así como de las conexiones directas que ha de haber.

Con esta propuesta queremos poner en evidencia la importancia que el entorno tiene sobre el bienestar global de la persona, y que la máxima aspiración de este es seguir siendo un hogar, hasta el último momento.

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