INFRAESTRUCTURAS DE APOYO Y CONTENCIÓN FRENTE AL COVID: LAS UNIDADES DE CONVIVENCIA

Compartimos el artículo publicado en el portal de Hospitecnia reflexionando sobre las unidades de convivencia como modelo de apoyo y contención frente al covid en residencias de mayores.

Artículo Hospitecnia

Si hay una tendencia clara, ya no sólo en lo sanitario, si no en todos los aspectos de la vida, es la necesidad de “estar preparados” que ha impuesto el Covid. Los “por si acaso”, los locales disponibles, los coeficientes de seguridad… Todo aquello que parecía prescindible y que se mantenía poco menos que por tradición, se ha transformado en el mantra de la actualidad. Hay que estar preparados. Pero ¿qué quiere decir “estar preparados”? Simplemente otorgar más porcentaje de posibilidad a lo inesperado o excepcional. Esto se traduce en inversión: aquello que es muy poco probable, consume muy pocos recursos, por pura rentabilidad. A partir de ahora, a la vista de las consecuencias que puede tener no estar preparado, se ha vuelto mucho más rentable invertir en acciones preventivas y en su mantenimiento, aun a riesgo de no llegar a amortizarlas.

 

Centrándonos en el sector de las infraestructuras sanitarias y asistenciales, esta previsión compromete mucha superficie y un elevado coste económico en instalaciones, equipamiento y controles de calidad. Teniendo esto presente, abordamos una cuestión muy discutida durante la pandemia: ¿deberían las residencias de ancianos ser capaces de dispensar los mismos cuidados que un hospital? Convertir una residencia en una Unidad de Cuidados Intensivos -que es con lo que realmente se está comparando- significa, solamente a efectos de superficie, multiplicar más del doble la ratio de m2 por persona. Mientras en una residencia de nueva construcción se estima unos 35-40m2/residente, incluyendo espacios privados, comunes y servicios generales, mientras que, en una Unidad de Cuidados Intensivos para Infecciosos, computando boxes de aislados, estación de enfermería, locales técnicos, de apoyo y circulaciones, se llega a los 100m2. No es viable.  ¿Cómo conseguir, entonces, que las residencias “estén preparadas” para afrontar una nueva situación de emergencia, sin dejar de ser un hogar? Y simultáneamente, una nueva responsabilidad que compete a toda la sociedad, ¿Cómo pueden ayudar a descongestionar los servicios de UCI y hospitalización de los Centros Sanitarios? La solución pasa por mejorar las instalaciones de estos centros, aumentando así sus competencias, de manera que puedan funcionar como Centros de Apoyo y Contención frente al Covid.

Unidades de Convivencia: Infraestructuras de apoyo y contención frente al Covid.

Afortunadamente, contamos con una tipología de residencias de mayores que ha dado buenos resultados en esta crisis: las Unidades de Convivencia. Por la definición que emana de la experiencia de países nórdicos, y que recogía el Decreto 14/2017 de Castilla y León, la Unidades de Convivencia cumplen unos requisitos mínimos a nivel formal, funcional y programático que han facilitado las labores de gestión y control de la pandemia en estos hogares. Sus resultados, no obstante, pueden ser mucho más eficaces con la transformación de ciertos aspectos y la implementación de otros nuevos. El objetivo es alcanzar un equilibrio entre los recursos destinados a paliar una eventual situación, y el alcance que tendría que cubrir -si llega a darse dicha situación- para rentabilizar la inversión realizada. Hagamos un repaso de ellas y de los objetivos con que se relacionan:

 

Transformaciones.

Configuración arquitectónica – Sectorización.

La medida principal para controlar el contagio es la sectorización de los centros. Esto es, que haya áreas distintas y perfectamente incomunicadas entre sí, cosa que únicamente se consigue con el efecto combinado de barreras arquitectónicas, ambientales y de protocolos de uso. La arquitectura es conditio sine qua non, pues de su buen diseño depende que se alcancen configuraciones seguras y funcionales.

Las Unidades de Convivencia enraízan todas sus soluciones en recrear lo más fielmente posible un hogar común, tanto en su materialidad como en su uso. Por eso, aunque el complejo residencial puede estar formado por varias Unidades y alcanzar una gran extensión y población, cada una de ellas estará diseñada dentro una escala modesta, humana, dimensionada para un máximo de 16 residentes1.

Además, cada Unidad ha de tener su propio servicio de cocina (o como mínimo, office) y comedor, así como servicios adaptados, suficientes para todos los vecinos. De esta manera, cada Unidad puede funcionar como una célula autónoma, permitiendo el desarrollo de una vida cotidiana plena en su interior. Son, en resumen, una formidable barrera contra la transmisión entre Unidades.

Su efectividad frente al Covid mejorará si esta segregación de Unidades se ve reforzada por esclusas en sobrepresión en cada punto de acceso a la Unidad, además de contar, cada una de ellas, con dos accesos propios desde el exterior.

 

Interior / Exterior de la Unidad – Segregación de flujos.

Otra de las características arquitectónicas más relevantes es la segregación entre la circulación interior y exterior de la Unidad. La primera es de distribución a las dependencias privadas de cada “vecindario”: habitaciones y espacios comunes, como office, estar o comedor; la segunda, conecta y da acceso a todas las Unidades además de a los Servicios Comunes al Centro, tales como lavandería, administración, enfermería, etc. Al existir ya estos dos circuitos perfectamente delimitados, resulta muy sencillo establecer límites sectoriales, que se materializarán, como hemos visto anteriormente, por medio de esclusas en sobrepresión. La transformación necesaria en este aspecto del funcionamiento radica en:

-Asegurar que ambos circuitos, interior y exterior, segregan según limpio/sucio, sano/enfermo, o establece un sentido de marcha “hacia delante”.

– Asegurar esta segregación tanto en horizontal (por medio de esclusas), como en vertical, destinando un núcleo de comunicaciones para cada usuario y condición.

– Si no existe, una UTA y circuito de climatización para cada Unidad de Convivencia, además del destinado a Servicios Comunes;

 

Requisitos de superficie/usuario – Aislamiento y distanciamiento social.

También en las bases de las Unidades de Convivencia se contemplan las superficies mínimas que deben tener tanto las habitaciones como los espacios comunes. Respecto a los espacios privados, no se permiten habitaciones de más de dos personas, algo crucial ante una situación infecciosa. De hecho, la tendencia es llegar a un 50% de habitaciones individuales como mínimo, tal y como se planteó en el derogado Decreto 14/2017. Resulta evidente que este criterio ha de imponerse -y mejorarse-, ya no sólo como medida anti Covid, sino como mejora necesaria en el confort y la dignidad de los usuarios de las residencias. Una vez más, las disposiciones marcadas por la Atención Centrada en la Persona, origen teórico de las Unidades de Convivencia, demuestran que las acciones en pro de mejorar la calidad de vida siguen siendo vigentes aun en situaciones extremas.

Las habitaciones individuales cuentan, como mínimo, con 19m2, espacio para armario y efectos personales, ventana al exterior practicable con control de oscurecimiento, y acceso desde la circulación interna de la Unidad, entre otros requisitos. Esto convierte en factible la posibilidad de que un individuo permanezca aislado de forma saludable, tanto física como psicológicamente. Ya que el aislamiento es la siguiente herramienta más poderosa, después de la sectorización, para controlar la propagación del virus, es esencial que se trate de un aislamiento sostenible.

También la superficie de los espacios comunes -comedor, office, salas de estar, sala de usos múltiples etc.- está descrita1, asegurando ambientes descongestionados. En clave anti Covid, esto significa distanciamiento social. Es fundamental siempre y para todos, mantener el contacto con nuestro entorno, pero indudablemente, lo es más para los ancianos. Las dimensiones de los espacios comunes de las Unidades, permiten cumplir el distanciamiento social, sin perjuicio de la socialización.

 

Programa – Espacios de Apoyo y Espacios Seguros.

El programa funcional de las Unidades de Convivencia contempla, además de los espacios ya mencionados, otros Servicios Comunes, cuyo usuario principal es el personal, asistencial o técnico, del Centro. Durante la pandemia, hemos observado la importancia de poder reconfigurar espacios y de contar con otros disponibles para alojar nuevas funciones. Las transformaciones irán enfocadas a potenciar la flexibilidad de habitaciones destinadas a servicios comunes, y a potenciar la planificación y mantenimiento de varios locales disponibles.

  • Existencia de varios locales en cada UC, con acceso desde el exterior que sirvan de sala de descontaminación y preparación, almacén de EPIs, de equipamiento, de material fungible etc.
  • Existencia de, como mínimo, dos salas de visitas en cada complejo residencial, con acceso desde el exterior, dotadas de mampara e interfono;
  • Tanatorio con acceso independiente y directo al exterior.

Nuevas implementaciones.

Clasificación B del Centro

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología llama la atención sobre la importancia de establecer un mapa de centros, clasificados en tres categorías Tipo A, B y C. Dado que las UC ya cuentan con un espacio dedicado a enfermería y, dependiendo del número de residentes, con habitaciones individuales, la implementación de mayor calado será convertir esta Enfermería en una pequeña Unidad de Aislados. El objetivo es alcanzar la categoría de Tipo B, es decir, un “Centro residencial con profesionales sanitarios suficientes que no tienen capacidad para aislar zonas del edificio, pero sí pueden tratar puntualmente en habitación individual algún caso aislado. Como máximo podrían aislar a un máximo de 5 residentes.”, según define la SEGG en sus 10 Recomendaciones del 18 de agosto.

La nueva Enfermería-Unidad de Aislados será capaz de tratar a los residentes enfermos que requieran hospitalización, consiguiendo gestionar su propia población. Esto evitará, en gran medida, la necesidad de derivar a todo aquel que necesite atención sanitaria especializada a un Hospital, con la consiguiente descongestión de estos. Es importante recalcar que se tratará siempre de casos clínicos no graves, es decir, esta Enfermería se asimilaría a una Hospitalización de Aislados, nunca a una Unidad de Cuidados Intensivos. Se trata de que el hogar amplíe sus competencias, pero sin perder su naturaleza.

De esta nueva función, derivan muchas de las implementaciones que se proponen, tales como:

– Habitaciones individuales de al menos 20m2, con particiones acristaladas y control de oscurecimiento;

-Diseño de flujos separados por usuario según sea paciente, personal médico, e insumos; segregación de circulaciones limpio/sucio, sano/infectado.

-Accesos (entradas y salidas) de la Enfermería previo paso por esclusas con control de presión y sala de descontaminación.

-Almacenes diferenciados para material limpio, fungibles y sucio, todos ellos con acceso desde el exterior, previa esclusa con control de presión; Acceso independiente para insumos desde el exterior, previa esclusa con control de presión;

-UTA e Instalación de climatización dedicada para esta Unidad de Aislados + UTA con circuito independiente para cada habitación; habitaciones de aislados en depresión; esclusa con sobrepresión entre la Enfermería y el resto de la Unidad.

– Instalación de cabeceros medicalizados con tomas de gases y columnas seca y húmeda; instalación de voz y datos; alarmas lumínicas.

Se trata, en resumen, de explotar al máximo las posibilidades que nos brinda esta tipología, tan bien predispuesta ante este escenario. La solución no pasa por transformar las UC -y en general, cualquier residencia de mayores- en un hospital porque entraría en conflicto con otras funciones que le son propias, y porque no es sostenible económicamente. Debemos conseguir, eso sí, que toda infraestructura forme parte de una misma red coordinada de lucha frente al Covid, pudiendo gestionar a sus usuarios para aliviar los hospitales. Aquí es donde las Unidades de Convivencia demuestran poder ser un gran apoyo para la contención de la pandemia.